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El paisaje: sublime e inabarcable

Martes 7 Julio, 2016

En mis paseos, hay algo que no deja nunca de sorprenderme. Frente a determinados paisajes me embarga una extraña emoción. Una mezcla imposible de terror y seguridad que me conecta de forma poderosa con algo abstracto a la vez que familiar. Puede durar apenas unos segundos, pero su carácter paradoxal me impacta de forma sorprendente dejándome revuelto y confuso. Consigue desplazarme por un momento, sacarme de mí, extrañarme. Suena terrible, pero sienta muy bien y te deja una sensación muy agradable. Me atrevería a decir incluso, que resulta adictivo, por lo mucho que lo busco.

Existen lugares ante los cuales los hombres han experimentado siempre fascinación, temor y espanto a un mismo tiempo: los océanos, los volcanes, las montañas, los bosques, los desiertos. Lugares inhóspitos, misteriosos e inabarcables que evocan la muerte, humillan con su amplitud e inmensidad. Te ponen en tu sitio recordándote tu pasajera y precaria existencia. Pero a la vez, te hacen descubrir la voluptuosidad de perderse en el todo, el placer de lo sublime. Sin duda, algo de esto sucede cuando vemos una bonita puesta de sol, o contemplamos la tierra desde una cima. En estos momentos algo te hace trascender la mediocridad y la banalidad de lo cotidiano re-conectándote con la naturaleza y el cosmos. Parece místico, y lo es, pero estoy seguro de que todos lo hemos experimentado más de una vez. Eso es lo mejor. No se trata de un sentimiento exclusivo, reservado a unos pocos. Lo sublime es un concepto democrático ( aunque las democracias poco tengan de sublimes).

El paisaje no entra solo por la vista, el paisaje te captura y te rodea por los 5 sentidos.
Y el olor, juega un papel muy importante. Por lo menos para mí. Es en estos momentos que necesito respirar hondo, en un esfuerzo por captar más y mejor la naturaleza del fenómeno. El aroma punzante de los bosques húmedos de montaña o la nota salobre de una cala al amanecer son aspectos del paisaje enormemente evocativos y que trabajan a un nivel mucho más profundo, abstracto y complejo, que la luz.

De ahí que para mí fuera una revelación, el poder unir en un mismo proyecto creativo, mi atracción por el paisaje con la elaboración de fragancias en un intento por acercarse, ni que sea un poquito, a lo sublime.